AVIABUE, o de cómo el pez chico enseña al grande

Tuve la suerte de ser invitado y participar la semana pasada, junto a Carlos Hernández, en el Congreso sobre Agencias de Viaje e Internet de la Asociación de Agencias de Viajes de Buenos Aires (AVIABUE), y en la Semana de Internet que organizaron. Me sorprendió el excelente trato recibido, no porque no lo esperara, sino porque superó cualquier previsión.

Tras varios días en Buenos Aires y hablar con los dirigentes de la asociación una cosa me quedó clara: nos superan en actitud. Cuando uno llega a un destino en fase de desarrollo, como el argentino, con unos problemas estructurales como ellos tienen (alguno me decía que ellos esto de la crisis no lo notan porque están en crisis permanente), con claras deficiencias y necesidades de mejora estructurales y con una distancia tan grande a los grandes mercados emisores, uno espera encontrar una actitud de resignación, de cierta apatía si se quiere ante lo que no parece poderse luchar. Pero, por el contrario, en AVIABUE Carlos y yo encontramos una organización preocupada por mejorar, consciente del entorno en el que se encuentran y con un claro enfoque al mercado y a la mejora constante.

Argentina tiene un potencial como pocos países tienen. Con una naturaleza magnífica, unas ciudades que ofrecen lo que cualquier ciudad europea, con una cultura y un patrimonio envidiable, y una población culta y preparada, está lista para despegar. Es cierto que carece de las playas caribeñas y mediterráneas y que, como hemos dicho, está alejada de los mercados emisores más importantes, pero muy posiblemente eso no sea impedimento para que pueda desarrollar un turismo sostenible y adaptado a su propia idiosincrasia.

En este entorno, es fundamental mantener grados de ilusión y realismo a partes iguales, y eso es algo que vimos en AVIABUE. Las jornadas son una prueba de ello. Como también lo es la creación de un centro de estudios a nivel universitario gestionado por la propia asociación y enfocada a la formación de los agentes de viaje. Puesto que han visto una clara deficiencia en sus carreras de turismo, han decidido crear ellos la formación que el mercado y los estudiantes necesitan. Sinceramente, me parece imposible ver aquí, en España, en el mal llamado primer mundo, una acción, una actitud y un enfoque así.

Tenemos la mala suerte de ser la segunda potencia mundial en número de turistas. Y digo la mala suerte porque eso nos crea una sensación de potencia y de estar haciendo las cosas bien que es errónea. Por supuesto hay muchas cosas que hacemos bien, y por esos los viajeros vienen y vuelven, pero pensar que sólo por eso nosotros tenemos más cosas que enseñar que aprender y que nadie, y desde luego menos Argentina, con un turismo tan chiquito, va a venir a corregir nuestra forma de hacer las cosas no sólo es un error, sino que es suicida.

Argentina tiene muchísimo que mejorar, sin duda, muchas deficiencias que salvar, pero hoy por hoy es ya un país preparado para empezar a crecer turísticamente, y desde luego con un valor que pocos países tienen, la actitud antes mencionada ante los problemas. No se trata sólo de que reconozcan los problemas, es que además los afrontan y tratan de encontrarles solución. Por supuesto que se equivocarán y que algunas estrategias serán equivocadas, pero mientras mantengan esa actitud de mejora y acción constante creo que tienen un futuro muy bueno por delante.
No me imagino yo a una asociación de este primer mundo con una actitud y un plan de acción que vaya más allá del lobby. Posiblemente el tremendo poder que tienen algunas asociaciones en España sea una amenaza más que un valor a defender. Y posiblemente la ya mencionada crisis constante que vive Argentina les haga más proclives a la acción y a la búsqueda de resultados. Pero no podemos pensar que nosotros no estamos en crisis de concepto y de enfoque de negocio, de rentabilidad, de modelo y de comprensión de una realidad que no se basa sólo en las novedades que ofrece la Web, sino que viene de antes.

Sería interesante que, sólo por una vez, el pez grande se dejara enseñar por el chico, que sólo tiene un defecto: nos tienen como modelo y corren el riesgo copiar alguno de nuestros errores y no fijarse en nuestros muchos aciertos, que haberlos “haylos”.

Juan Sobejano

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